Las elecciones presidenciales en Colombia ya no solo representan un desafío político e institucional. También se han convertido en una prueba crítica para la infraestructura digital del país, en un momento donde la información, los sistemas conectados y las plataformas tecnológicas son objetivos permanentes de ataques cibernéticos.

En medio de la primera y segunda vuelta presidencial, la protección de datos y la estabilidad tecnológica pasaron a ocupar un lugar prioritario dentro de la agenda nacional. La razón es clara: gran parte de las dinámicas democráticas actuales también se desarrollan en el entorno digital, un escenario donde aumentan los riesgos relacionados con filtraciones de información, ataques a redes institucionales y vulnerabilidades en plataformas públicas y privadas.

Las cifras reflejan la dimensión del problema. Según datos de Fortinet, Colombia registró cerca de 10,9 billones de intentos de ciberataques durante 2025, consolidándose como uno de los países más atacados de América Latina en materia digital.

Frente a este panorama, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones activó el denominado PMU Ciber Electoral, una estrategia enfocada en monitorear y responder incidentes de seguridad informática en tiempo real durante el desarrollo de la jornada electoral.

La preocupación no es menor. Durante procesos electorales suelen incrementarse amenazas como campañas de phishing, robo de credenciales, ransomware y ataques dirigidos contra entidades públicas, periodistas, analistas y equipos que trabajan bajo esquemas remotos o híbridos.

Para Juan García, country manager de ASUS en Colombia, la ciberseguridad dejó de ser un tema exclusivo de departamentos de tecnología y pasó a convertirse en una responsabilidad colectiva donde cada dispositivo conectado puede convertirse en un punto vulnerable.

El ejecutivo asegura que la evolución de las amenazas digitales está obligando a replantear la forma en que se protegen los equipos y la información. En ese contexto, conceptos como Zero Trust —modelo basado en verificar constantemente cada acceso y dispositivo— comienzan a ganar protagonismo dentro de empresas y entidades.

Precisamente, fabricantes tecnológicos han empezado a incorporar medidas avanzadas de protección directamente en el hardware. ASUS, por ejemplo, destacó soluciones presentes en líneas corporativas como ASUS ExpertBook Series B y ASUS ExpertBook Series P, que integran autenticación biométrica, chips TPM 2.0 y mecanismos físicos de privacidad enfocados en proteger información sensible.

Según García, la resiliencia digital ya no depende únicamente de firewalls o sistemas perimetrales. El desafío actual consiste en construir ecosistemas de seguridad más amplios, donde hardware, software y usuarios trabajen bajo una lógica preventiva y de monitoreo constante.

El avance de Colombia hacia una mayor madurez digital también implica fortalecer modelos de respuesta coordinada entre el Estado, las compañías tecnológicas y los desarrolladores de soluciones de seguridad informática.

Expertos coinciden en que los próximos años estarán marcados por arquitecturas más descentralizadas, inteligencia artificial aplicada a la detección de amenazas y sistemas capaces de responder en tiempo real frente a comportamientos sospechosos.

En medio de un entorno político cada vez más conectado y digitalizado, la ciberseguridad comienza a consolidarse como un componente esencial para proteger no solo los sistemas tecnológicos, sino también la confianza pública y la estabilidad democrática del país.

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