Una nevera que pierde potencia de enfriamiento, una lavadora que genera vibraciones inusuales durante el centrifugado o un electrodoméstico que tarda más de lo previsto en completar su ciclo habitual pueden parecer inconvenientes menores del día a día. Sin embargo, suelen ser los primeros síntomas de desgaste que, de no atenderse a tiempo, pueden desencadenar averías graves e irreparables. Incorporar revisiones visuales periódicas y prácticas de cuidado preventivo en las rutinas del hogar resulta esencial para detectar irregularidades a tiempo y asegurar un desempeño óptimo en los equipos.
A pesar de que estos aparatos forman parte central del confort doméstico, existe un desconocimiento generalizado sobre cómo preservarlos. De acuerdo con los hallazgos de la encuesta National Cleaning Survey, desarrollada por Ipsos para el American Cleaning Institute, el 36 % de los adultos consultados afirmó desconocer las recomendaciones de los fabricantes en torno a la limpieza y el mantenimiento rutinario de dispositivos como refrigeradores, lavadoras o sistemas de climatización.
¿Cada cuánto se deben revisar los equipos del hogar?
Contrario a la creencia popular, no existe un intervalo temporal único aplicable a todos los electrodomésticos. La frecuencia de inspección y mantenimiento depende de múltiples factores: la tipología de la máquina, la intensidad del uso diario, las condiciones térmicas y de humedad del lugar donde se encuentra instalada y, de forma prioritaria, las directrices fijadas por cada marca productora. Por esta razón, el manual de usuario debe consolidarse siempre como la primera guía de consulta técnica.
A partir de estas pautas operativas, la compañía de electrodomésticos mabe aconseja adoptar hábitos preventivos clave en el hogar:
- Limpieza y ventilación: Ejecutar periódicamente las labores de higiene aconsejadas en los manuales y verificar que las rejillas de ventilación y disipación de calor permanezcan despejadas de objetos, pelusas o polvo.
- Inspecciones visuales: Revisar con regularidad el estado exterior de mangueras de entrada y drenaje, conexiones eléctricas, sellos de goma, empaques y filtros accesibles para el usuario.
- Respeto a las especificaciones: No sobrecargar las capacidades nominales de lavado o almacenamiento, y prescindir de químicos o sustancias abrasivas que puedan degradar acabados, sellos o componentes plásticos.
- Atención a anomalías operativas: Monitorear de forma temprana la aparición de ruidos extraños, vibraciones excesivas, fugas de agua, olores a quemado o variaciones perceptibles en funciones térmicas como calentar, lavar o refrigerar.
“No todos los electrodomésticos requieren el mismo mantenimiento ni con la misma frecuencia. Factores como el tipo de equipo, la intensidad de uso y las condiciones del hogar determinan los cuidados que necesita cada uno. Por eso, seguir las recomendaciones del fabricante es fundamental para mantenerlos funcionando adecuadamente”, recalca Deyby Parra, especialista de Producto de mabe.
Autonomía en el hogar vs. intervención técnica especializada
Un aspecto determinante del mantenimiento preventivo consiste en distinguir qué labores pueden efectuarse de manera autónoma y cuáles exigen asistencia profesional. Mientras que la desinfección superficial, la higienización de compartimentos y la sustitución de filtros exteriores corresponden al usuario, cualquier manipulación de circuitos eléctricos, gasodomésticos, sistemas de gas refrigerante, motocompresores o piezas mecánicas internas debe ser ejecutada rigurosamente por personal técnico certificado.
Esta cultura de cuidado preventivo transforma la relación con los aparatos: el servicio técnico deja de ser una medida reactiva ante la rotura total y se convierte en una práctica de consumo consciente.
El impacto trasciende el ahorro en el presupuesto familiar y cobra especial relevancia ambiental frente a la problemática global de los residuos electrónicos. Según el informe Global E-waste Monitor 2024, elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones (UNITAR), en 2022 el mundo generó 62 millones de toneladas de basura electrónica, de las cuales solo el 22,3 % fue documentado como recolectado y reciclado formalmente. Extender la vida útil de los electrodomésticos representa una acción directa para frenar la huella ecológica y el desecho prematuro de tecnología en el planeta.









